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  • Dic 19, 2023
  • 6 minutes

Las luchas noviolentas en favor del derecho de las mujeres

Andrea Moreta

En las protestas a las que he asistido en mi ciudad, Guayaquil, Ecuador, he vivido diversas experiencias que, al final del día, me dejan un sabor amargo y doloroso por cómo somos recibidas y despedidas. Al inicio de las protestas, somos recibidas por un numeroso equipo de miembros de la Policía Nacional del Ecuador —necesario, siempre que se precautele la seguridad de las manifestantes—. En el transcurso de las protestas, y cuando estas llegan a su fin, algunas veces somos intervenidas por la fuerza policial a pesar de no realizar ninguna acción violenta. Somos agredidas simplemente por nuestra presencia en las protestas. Ese es el sabor amargo que me producen las protestas en la lucha por los derechos de las mujeres. Y es doloroso, además, porque las madres, hermanas y amigas de las víctimas de femicidios se encuentran presentes en las protestas. Es lamentable que el Estado haya fallado en proporcionar la justicia y reparación necesarias para las víctimas en el marco del proceso judicial.

Frecuentemente participo en protestas que respaldan los derechos de la mujer. He estado presente en fechas significativas como el 28 de septiembre (Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe) y el 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres). En mi experiencia he podido observar una organización feminista bien estructurada, que cuenta con el apoyo de muchas activistas independientes y personas que, caminando por la calle por donde pasa la marcha, apoyan la causa. También se nota la presencia de autoridades como agentes de tránsito y agentes policiales para controlar el supuesto desorden que causemos. En realidad, en estas fechas históricas se encuentran presentes muchas madres llenas de dolor que marchan con valentía y coraje pidiendo justicia por la hija asesinada (femicidio) o por situaciones donde el Estado no está presente. Un ejemplo fue cuando se hizo mediático el feminicidio de Lisbeth Baquerizo y sus familiares marcharon para hacer sentir su voz y exigir al Estado que realice las investigaciones adecuadas: el principal sospechoso era su pareja que actualmente sigue prófugo de la justicia.

Las marchas tienen diferentes objetivos. Por un lado, el 28 de septiembre se trata de la lucha para que todas las mujeres podamos tomar decisiones libres sobre nuestra salud y derechos sexuales y reproductivos, no solo las más privilegiadas. En Ecuador aún existen restricciones y retrocesos legales que amenazan nuestros derechos reproductivos, demostrando la necesidad urgente de garantizar un acceso equitativo a la salud sexual y reproductiva para todas las mujeres. Por tal motivo, nuestra lucha encaminada a la noviolencia se enfoca en entregar proyectos de ley a la Asamblea Nacional junto a la Defensoría del Pueblo, así como acudir a las calles y expresar nuestro descontento con el Estado. Lo cierto es que, aunque la organización feminista luche por alcanzar este acceso, existen muchas trabas por parte de los legisladores, una situación que se complejiza con las creencias religiosas de la sociedad. 

Por otra parte, el 25 de noviembre es la lucha para denunciar la violencia que se ejerce contra las mujeres en todo ámbito, siendo esta la vulneración más extendida de derechos humanos en el mundo. Lo que exigimos en las calles son proyectos sólidos que efectivamente se centren en la prevención y erradicación de la violencia destinando recursos económicos para la implementación de leyes.

Las marchas se organizan semanas antes de las fechas mencionadas anteriormente y se trabaja en conjunto con diferentes organizaciones del país. En el 2020, pude participar como activista y me encontraba realizando pasantías en el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH). Junto con el liderazgo del secretario ejecutivo Billy Navarrete, me encargaba de realizar el cronograma para darle orden y guía a las movilizaciones. Una vez hecho esto se planificó meticulosamente los detalles específicos de cada marcha: quién encabezaba la marcha, las estrategias a seguir durante el recorrido, así como las canciones que se entonarían para mantener un mensaje unificado y claro. Este proceso se llevaba a cabo con sumo cuidado y respeto por el cronograma previamente definido para garantizar que cada acción se ejecutara en el momento adecuado y en el lugar indicado. Esta organización detallada permitía mantener la coherencia y la efectividad de las protestas, fortaleciendo el mensaje y la presencia de quienes participaban en las marchas.

Durante el desarrollo de las marchas, nuestro enfoque se centraba en la implementación de acciones de protesta y persuasión noviolentas. Esto implicaba no sólo la entonación de canciones, sino también la colaboración estrecha con diversas organizaciones y compañeros voluntarios que se unían a la causa. Previamente, días antes de cada marcha, nos asegurábamos de tener impresas las letras de las canciones que íbamos a entonar. Este era un aspecto crucial para asegurarnos de proyectar nuestras voces de manera fuerte y unificada, especialmente, considerando que las marchas se llevaban a cabo en zonas altamente transitadas y centrales en la ciudad de Guayaquil, capital de la provincia costera de Guayas. Este enfoque estratégico nos permitía transmitir nuestro mensaje de manera impactante y audible para todas las personas presentes, reforzando así nuestra presencia y provocando una participación parcial de la sociedad civil a favor de la causa.

Las organizaciones que nos acompañaron durante las protestas en 2020 fueron el Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM), la Fundación Mujer & Mujer, la Coordinadora del Guayas, Wambra Medio Digital Comunitario, Aborto libre Guayaquil, la Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos, la Fundación Rosa Luxemburgo, los movimientos de mujeres diversas en resistencia y el movimiento feminista de Guayaquil. Todas exigían respeto a los derechos humanos, que nuestra voz sea escuchada en defensa de la lucha contra la violencia a las mujeres, mujeres trans, adolescentes y niñas. Gritar que los feminicidios son resultados de una sociedad cómplice donde se ha normalizado la violencia de género, que no acompaña a las víctimas, sino que las revictimiza y las culpan de los hechos suscitados generando miedo en la decisión de denunciar.

El propósito de las marchas va más allá de la protesta, también tienen un aspecto conmemorativo y de homenaje hacia las mujeres que han fallecido. Esto se realiza para mantener viva su memoria y reconocer su importancia. Además, estas manifestaciones buscan presionar y demandar el reconocimiento legal del aborto seguro y gratuito, donde el enfoque sobre el aborto sea más jurídico que moral, enfatizando el derecho fundamental de las mujeres a tomar decisiones sobre su propio cuerpo. La falta de reconocimiento legal y la omisión de políticas al respecto contribuyen al aumento de muertes maternas prevenibles, un problema que podría abordarse a través del Ministerio de Salud Pública, evitando así un incremento innecesario en la mortalidad femenina.

A pesar de las adversidades y la represión, las experiencias como activista dentro de las protestas han sido una montaña rusa emocional. En cada manifestación, la fuerza y la determinación se mezclan con el dolor y la frustración al ver cómo las demandas legítimas se enfrentan a la resistencia y, a veces, la represión de las autoridades. Estas marchas se convierten en momentos cargados de emoción, donde las voces de las mujeres resuenan con fuerza en las calles. Cada marcha, cada cántico, cada pancarta levantada es un paso más hacia un futuro donde los derechos de las mujeres sean respetados por todos, independientemente de su origen o situación socioeconómica.

Ver a madres marchando y exigiendo justicia para sus hijas asesinadas (femicidios) y otras circunstancias es desgarrador. En esos momentos, las canciones de protesta se convierten en himnos de solidaridad y reclamo por un mundo más justo.

Artículo publicado el 19 de diciembre del 2023

Sobre la autora

Andrea Moreta

Graduada como abogada en Ecuador. Actualmente, trabaja en libre ejercicio y se encuentra finalizando sus estudios de posgrado como maestrante de Relaciones Internacionales con mención en Seguridad y Conflicto en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso Ecuador).

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