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  • Jun 28, 2023
  • 4 minutes

Roja e indómita, ¿cómo resistir a los haters?

Astrid Torres

El espacio virtual se ha configurado como otra cara del espacio público, quiere decir que ahí también se reproducen prácticas violentas. Las dinámicas físicas se trasladan a lo virtual dando mayor libertad para posicionar agendas, pero también los discursos de odio aumentan. Si me preguntan, ¿qué hace una creadora de contenido sobre derechos humanos? Diría que es alguien que disputa el territorio virtual para posicionar una agenda que cuestiona las formas de opresión mientras esquiva a los haters

La definición más sencilla de «hater» es odiador: una persona que a través de las redes sociales se dedica a agredir y denigrar al otre por estar en contra de sus ideas. En este texto reflexiono particularmente sobre mi experiencia con los haters en Tiktok, espacio donde creo contenido a través del proyecto Roja Post con el @rojaindpomita.

Tiktok en los últimos años se ha constituido como una competencia directa de Meta y Google. Cada vez más son los medios de comunicación y políticos que abren una cuenta en esta red social porque es una plataforma con flujo constante de información. El lugar perfecto para sembrar ideas. En este contexto, la identidad que diseñé para Tiktok refleja una forma de pensamiento: roja, por una tendencia clara de progresismo; e, indómita, por una rebeldía particular frente a los imaginarios sociales injustos que han sido impuestos a través de las instituciones de control como los medios de comunicación.

El camino de la creación de contenido inicia con definir la identidad de nuestro espacio, la agenda y mucha paciencia para navegar por el algoritmo que exige trabajo constante. Posicionar una voz en redes implica TRABAJO, muchas veces no remunerado. Aunque pareciera un trabajo individual, la creación de contenido sobre derechos humanos es colectiva como la agenda que se intenta colocar, pues se forman redes de apoyo y de aprendizaje. Para poner un ejemplo, pertenezco a la comunidad de Creadoras Camp, una escuela de creación de contenido feminista que luego de la etapa de formación, reune en una red a creadores de contenido de toda la región donde pueden surgir colaboraciones, consejos, apoyo al contenido publicado.

Esta red también es un espacio seguro y de contención, ya que el posicionamiento de agendas relacionadas a los feminismos o desigualdades siempre generan comentarios de haters porque se cuestiona el statu quo. Y esto se acrecienta cuando es una mujer la que habla, pues nuestra sociedad es estructuralmente machista. En este sentido, históricamente la belleza ha sido un sistema de opresión para las mujeres y nuestros cuerpos han estado en constante fiscalización. Entonces, no es de extrañarse que cuando no haya argumentos el señalamiento sea a nuestros cuerpos.

«Las prepagos no hablan de política», «¿Quién es su odontólogo para no ir?» «Los dientes de caballo son una enfermedad, solo entendí eso», «Vaya estudie, solo es media bonita», «Se ve muy joven para opinar», «Creo que no puede cerrar la boca». 

Estos son algunos de los comentarios que aparecen frecuentemente en el contenido que publico. La misión de ellos es generar inseguridad e intentar que las mujeres solo habitemos el espacio privado, como nuestras casas. He notado que los comentarios más agresivos en mi cuenta surgen cuando hablo de machismo y política nacional. En este escenario, la violencia estética busca que soltemos la cámara y el micrófono. Por eso, resistir es seguir incomodando con nuestras voces y cuerpos. La resistencia noviolenta que yo decidí hacer desde la creación de contenido es seguir creando y hablando con mi comunidad sobre las situaciones violentas, como en el video «La vez que me funaron por ser feminista y tener la boca grande». 

Además, es clave reconocer que la belleza es una construcción social y la definen quienes tienen el poder. Los medios de comunicación tradicionales a lo largo del tiempo han reproducido el paradigma hegemónico de belleza y otra vez nos encontramos con la potencia de la creación de contenido en Tiktok al disputar narrativas y mostrar diversidad. La disputa política es cultural y generar transformaciones materiales también implica un proceso de transformación de imaginarios.

Sin embargo, esta resistencia debe estar acompañada con el refugio en espacios seguros, porque ahí es donde se sostiene desde los afectos y se implementan estrategias digitales. Muchas veces en el chat de Creadoras Camp se pide apoyo para enviar comentarios positivos en el video donde los haters están escribiendo desde el odio. He aprendido que los comentarios ayudan al engagement, pero siempre hay límites y se pueden utilizar herramientas como filtrar comentarios, bloquear cuentas, denunciar por incitar al odio, entre otros, todo con el fin de construir una comunidad más segura. Una comunidad que te va a respaldar como tu barrio en el mundo físico. 

Tiktok es mi trinchera para compartir pensamientos, agendas, preguntas. Es donde pongo el cuerpo y trabajo, para mí es una nueva aldea global llena de información y desinformación. Así que seguiré esquivando a haters mientras informo con una mirada crítica. 

Astrid Torres

Periodista, cineasta y creadora de contenido con enfoque en derechos humanos. Su investigación y obra se centran en estudios contrahegemónicos desde el campo cultural.


Texto publicado el 28 de junio con el apoyo de FES

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