{"id":3415,"date":"2025-05-26T02:16:15","date_gmt":"2025-05-26T07:16:15","guid":{"rendered":"https:\/\/flacso.edu.ec\/accionnoviolenta\/?p=3415"},"modified":"2025-06-27T15:08:46","modified_gmt":"2025-06-27T20:08:46","slug":"memoria-y-territorio-las-raices-vivas-de-la-resistencia-noviolenta-salvadorena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/flacso.edu.ec\/accionnoviolenta\/memoria-y-territorio-las-raices-vivas-de-la-resistencia-noviolenta-salvadorena\/","title":{"rendered":"Memoria y territorio: las ra\u00edces vivas de la resistencia noviolenta salvadore\u00f1a"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"3415\" class=\"elementor elementor-3415\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-cf589f3 e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"cf589f3\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-af66ab0 elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"af66ab0\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h2 class=\"elementor-heading-title elementor-size-default\">Memoria y territorio: las ra\u00edces vivas de la resistencia noviolenta salvadore\u00f1a<\/h2>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7876747a e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"7876747a\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-57d71ae elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"57d71ae\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"text-align: right;\">F\u00e1tima Pacas<\/p>\n<p>En El Salvador, las organizaciones de base han sido hist\u00f3ricamente pilares en la defensa de los derechos humanos, la organizaci\u00f3n comunitaria y la resistencia desde los territorios. A pesar de su relevancia social y pol\u00edtica, han enfrentado condiciones adversas, con una impunidad y una injusticia que operan como mecanismos de silenciamiento y marginaci\u00f3n. Estas din\u00e1micas han sido particularmente hostiles hacia los grupos que cuestionan el orden pol\u00edtico y econ\u00f3mico dominante. Durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, el sistema de justicia salvadore\u00f1o ha evidenciado una profunda ineficacia \u2014y en algunos casos, complicidad\u2014 en la garant\u00eda de derechos para estos actores colectivos, privilegiando sistem\u00e1ticamente a las \u00e9lites econ\u00f3micas, pol\u00edticas y militares, mientras desprotege a movimientos sociales, asociaciones civiles, sindicatos y colectivos territoriales. Frente a este panorama, las organizaciones comunitarias han debido reinventar sus repertorios de acci\u00f3n a partir de principios de cultura de paz, integrando pr\u00e1cticas noviolentas como la organizaci\u00f3n popular, la educaci\u00f3n cr\u00edtica o la movilizaci\u00f3n simb\u00f3lica, y forjando nuevas alianzas para sostener su vigencia e incidencia.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para comprender la vigencia actual de estas organizaciones, es necesario remontarse a sus or\u00edgenes, marcados por las movilizaciones campesinas y las luchas populares que antecedieron al conflicto armado salvadore\u00f1o. Estas movilizaciones configuraron el terreno sociopol\u00edtico en el que surgieron numerosas organizaciones de base, profundamente influenciadas por ideales de justicia social, emancipaci\u00f3n y liberaci\u00f3n popular, muchas de ellas con un componente espiritual vinculado a la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n. En el norte de departamentos como Moraz\u00e1n, Chalatenango, La Uni\u00f3n, Santa Ana y Caba\u00f1as, se gestaron experiencias comunitarias que, mediante estructuras locales autogestionadas y con fuerte arraigo territorial, se convirtieron en sujetos colectivos que desafiaron el orden establecido y dieron lugar a las organizaciones de base hist\u00f3ricas. Estas no solo sobrevivieron a las condiciones adversas de guerra y represi\u00f3n, sino que buscaron fortalecer su autonom\u00eda pol\u00edtica y continuidad hist\u00f3rica como actores centrales en la defensa de derechos y en la construcci\u00f3n de memoria colectiva.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante el conflicto armado (1980\u20131992), muchas organizaciones de base fueron objeto de represi\u00f3n directa, persecuci\u00f3n o cooptaci\u00f3n. Sin embargo, tras el conflicto, buena parte de ellas reconstruy\u00f3 sus estructuras internas, renov\u00f3 liderazgos y reformul\u00f3 estrategias de acci\u00f3n. Adoptaron marcos de resistencia noviolenta, priorizando la defensa de los derechos humanos, la construcci\u00f3n de ciudadan\u00eda y la incidencia institucional como v\u00edas para sostener su lucha hist\u00f3rica. Un ejemplo destacado es la masacre de El Mozote y lugares aleda\u00f1os (1981), hecho que simboliza el potencial movilizador de las v\u00edctimas de violaciones a los derechos humanos. Como respuesta organizativa, la comunidad fund\u00f3 la Asociaci\u00f3n Promotora de Derechos Humanos de El Mozote (APDHEM), que, junto con organizaciones no gubernamentales como Tutela Legal, Cristosal y Pro-B\u00fasqueda, articul\u00f3 esfuerzos legales y pol\u00edticos en la b\u00fasqueda de justicia, verdad y reparaci\u00f3n. Este modelo de articulaci\u00f3n entre una organizaci\u00f3n de base (local) y un organismo no gubernamental (institucional) no es un caso aislado: se repite en experiencias de lucha impulsadas por v\u00edctimas de masacres, comunidades afectadas por empresas mineras y por violencia estatal. Algunos ejemplos representativos son la Asociaci\u00f3n de Comunidades para el Desarrollo de Chalatenango (CCR), ADES Santa Marta, Pasos del Jaguar en Santa Ana y MILPA en La Uni\u00f3n, todas organizaciones de base que han evolucionado y consolidado un tejido organizativo posguerra con capacidad de incidencia en la actualidad.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El periodo posterior a la guerra fue testigo de una expansi\u00f3n estrat\u00e9gica de estas organizaciones de base, que integraron nuevas formas de resistencia civil, alejadas del conflicto y la violencia armada. Entre los cambios, algunos l\u00edderes comunitarios se incorporaron a redes de oeneg\u00e9s y plataformas de incidencia, ampliando el alcance y la complejidad de sus acciones sin desvincularse de sus organizaciones de origen. Adem\u00e1s, implementaron t\u00e1cticas simb\u00f3licas como conmemoraciones anuales y memoriales comunitarios, con el objetivo de resignificar el dolor colectivo como herramienta pedag\u00f3gica para la promoci\u00f3n de la verdad y la reparaci\u00f3n. Al mismo tiempo, impulsaron procesos legales tanto en instancias nacionales como internacionales, resistiendo desde el marco jur\u00eddico. Uno de los logros m\u00e1s significativos fue la sentencia condenatoria de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado salvadore\u00f1o, emitida el 25 de octubre de 2012, que incluy\u00f3 medidas de reparaci\u00f3n para las v\u00edctimas. Estas pr\u00e1cticas, lejos de ser respuestas mec\u00e1nicas, representan formas de construcci\u00f3n de poder desde el territorio, donde memoria y presente se articulan como mecanismos de resistencia civil frente a la impunidad estructural del Estado salvadore\u00f1o.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En tiempos recientes, las organizaciones de base han enfrentado un resurgimiento de estrategias de deslegitimaci\u00f3n simb\u00f3lica que buscan erosionar su reconocimiento social y restringir su margen de acci\u00f3n. Estas agresiones, aunque no impliquen violencia f\u00edsica, tienen un alto impacto sociopol\u00edtico al influir en la percepci\u00f3n p\u00fablica y debilitar la estructura organizativa comunitaria. Entre estas pr\u00e1cticas, destaca la estigmatizaci\u00f3n de las organizaciones de base como \u201cenemigos del Estado\u201d o \u201cdefensores de pandilleros\u201d, narrativa oficial que se intensific\u00f3 con la implementaci\u00f3n del r\u00e9gimen de excepci\u00f3n en marzo de 2022 y que, m\u00e1s de tres a\u00f1os despu\u00e9s de su implementaci\u00f3n, a\u00fan persiste. Esta ret\u00f3rica ha intentado vincular a las organizaciones con actividades il\u00edcitas, generando desconfianza hacia sus liderazgos y temor entre potenciales nuevos miembros. Asimismo, se ha promovido la idea de que estas organizaciones responden a agendas extranjeras o intereses ajenos a las comunidades, cuestionando su autonom\u00eda y su arraigo territorial. A esto se suma una deslegitimaci\u00f3n sistem\u00e1tica de su papel en la actualidad en la construcci\u00f3n de justicia y democracia, que pretende reducirlas a actores del pasado sin relevancia en el presente.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde una perspectiva sociol\u00f3gica, estos ataques tienen consecuencias profundas: reducen la participaci\u00f3n y la resistencia civil, debilitan a las comunidades organizadas y contribuyen a la p\u00e9rdida de memoria hist\u00f3rica. Al desacreditar a quienes articulan la defensa de derechos desde el territorio, se erosiona el tejido social y se debilita la posibilidad de construir v\u00ednculos de identidad y solidaridad colectiva mediante formas de organizaci\u00f3n como las organizaciones de base.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este contexto, las organizaciones de base salvadore\u00f1as constituyen un claro ejemplo de resiliencia hist\u00f3rica, compromiso \u00e9tico y vigencia pol\u00edtica. A lo largo del tiempo han sabido reconstruirse, reinventarse y resistir tanto a la violencia directa como a los ataques simb\u00f3licos que buscan socavar su legitimidad. Lejos de desaparecer, se han convertido en un referente de lucha colectiva y justicia desde abajo. De cara al futuro, es clave que avancen hacia una estrategia colectiva que logre articular la experiencia acumulada por las organizaciones hist\u00f3ricas con las nuevas formas de resistencia emergentes. Esta articulaci\u00f3n debe orientarse a la generaci\u00f3n de rutas de acci\u00f3n solidarias, la construcci\u00f3n de confianza y la b\u00fasqueda de consensos.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>F\u00e1tima Pacas<\/strong> Es licenciada en Sociolog\u00eda por la Universidad de El Salvador y m\u00e1ster en Sociolog\u00eda por la Universidad Estatal de Nueva York, campus de Albany. Se identifica como defensora de los derechos humanos, docente e investigadora, y cuenta con m\u00e1s de quince a\u00f1os de experiencia en el sector sin fines de lucro en Am\u00e9rica Latina. Su trabajo se centra en la sociedad civil y los reg\u00edmenes pol\u00edticos.<\/p>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Memoria y territorio: las ra\u00edces vivas de la resistencia noviolenta salvadore\u00f1a F\u00e1tima Pacas En El Salvador, las organizaciones de base han sido hist\u00f3ricamente pilares en la defensa de los derechos humanos, la organizaci\u00f3n comunitaria y la resistencia desde los territorios. 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